Los accidentes de los ómnibus en ruta
no son accidentes, sino siniestros. En general se los atribuye
a la altura del vehículo, el mal estado de las rutas,
sueño, alcohol, cansancio, y otros elementos que disminuyen
la capacidad de conducir y, en efecto, son motivo de siniestros.
Los accidentes son fortuitos; los siniestros, previsibles.
El ómnibus de doble piso no es peligroso
por su altura (el centro de gravedad del sistema está
a menos de 2,3 metros del suelo) ni por su velocidad: es peligroso
por su diseño. Carece de estabilidad direccional debido
a la distribución de sus elementos motrices, la distribución
de masas, el motor trasero, su tracción (que no es
tracción, sino empuje direccional axial), su puesto
de manejo muy bajo para nuestras rutas y otros factores.
Analizando los actuales ómnibus, los
conductores temen bajar a la banquina derecha para cumplir
con la primera ley del tránsito que dice: frente a
quien viene en sentido contrario cada uno debe desviar la
trayectoria para su derecha.
Si analizamos el choque del conductor de camión
borracho y el ómnibus en Santa Fe, nos damos cuenta
de que el borracho se estaba divirtiendo , asustando a quienes
venían en sentido contrario. Así, antes le había
roto a un camión el espejo retrovisor izquierdo. Cuando
el conductor del ómnibus lo vio venir, en lugar de
buscar su derecha, la banquina y el préstamo, trató
de salvar la situación por la contramano, por la izquierda,
y allí se embistieron.
Si hubiera desviado el ómnibus completo
a su derecha, la banquina hubiese sido un problema menor.
Pero los ómnibus actuales, con el motor
atrás, tienen sólo un 30% de su peso total sobre
el eje delantero. Cuando la acción del aire en el frente
se opone a su movimiento se torna ingobernable sobre un piso
de tierra, pasto o ripio, igual que en la pendiente transversal
de la banquina. Con el 70% del peso sobre el doble eje trasero
en tándem empujando axialmente, desobedece la acción
del conductor, igual que en el barro con un vehículo
de tracción trasera se dobla la dirección, pero
se sigue derecho.
Cuando una empresa de micros puso un ómnibus
con motor atrás en la línea Córdoba-Tucumán
pasando por caminos de ripio, me consultaron por la ingobernabilidad
direccional. Debieron volver a los ómnibus con motor
delantero.
Aerodinámica bajo la lupa
Los ómnibus de larga distancia son
también peligrosos por su diseño no aerodinámico
que exige disponer de mucha potencia para acelerar en un sobrepaso.
Deberían tener más potencia disponible para
estar menos tiempo en la contramano y ser más aerodinámicos,
lo que redundaría también en menos consumo de
combustible.
El tiempo que insume un sobrepaso a un camión
moderno es de unos 30 segundos; se recorre unos 500 a 600
metros por la contramano. En ese tiempo, un automóvil
que se aproxime de frente recorre más de 1000 metros.
La visión del conductor, además,
debe abarcar más de 2000 metros, pero está dificultada
por la posición de manejo muy baja. En días
de lluvia es aún peor: el material que pulverizan y
rocían los camiones al pisar el agua que se junta en
las huellas, mezclada con el humo de los escapes, forma una
densa niebla en el nivel que se colocó el conductor.
Este debería estar en el piso superior. Cuanto más
alto, mejor visión del camino.
Las tecnologías a nuestro alcance permiten
producir tacógrafos inviolables mediante posicionadores
satelitales (GPS) que indiquen la proximidad de curvas, pueblos
y accidentes geográficos.
Propongo construir un vehículo con
motor adelante, tracción delantera (mucho más
gobernable porque la tracción se realiza en la dirección
que pretendemos seguir), doble eje delantero y diseño
moderno. Se consumiría menos combustible, sería
más cómodo de manejar, además de mucho
más liviano, estable y transportaría la misma
cantidad de pasajeros, con menos peligro.
Un vehículo con las características
de diseño propuestas podrá, en casos necesarios,
transitar por la banquina sin peligro, con conductores debidamente
entrenados.
La velocidad más segura es aquella
que nos obliga a estar atentos. Para mejorar la percepción
los velocímetros tendrían que medir también
en metros por segundo pues olvidamos que hacemos 10 m/s a
sólo 36 km/h. Manejo seguro es estar atentos a lo que
hay por delante del vehículo que nos precede, mantener
distancia y dialogar con los conductores de los otros vehículos
usando el código internacional de señales inequívocas.
Gustavo Adolfo Durán
El autor trabajó como ingeniero en
desarrollos para IKA. Fue campeón argentino de rally
1970. Dictó cursos de conducción de cargas peligrosas
y de competición para la Asociación Argentina
de Automóviles Sport (AAAS).